Bienestar emocional y calidad de vida: ¿Es posible?


✍🏻 Texto en español – 4 minutos

·Este artículo es propiedad total e intelectual de Itea Psicología.

Cuando oímos hablar de bienestar emocional y calidad de vida a menudo nos invaden dos ideas;  por un lado, todos anhelamos poder gozar de un buen equilibrio vital y por otro nos mantenemos bajo la percepción de que la idea de calidad de vida, aunque ideal, se desvanece ante los parámetros reales que imperan en nuestra rutina “ya me gustaría tener más tiempo, pero simplemente me es imposible!”. Vivimos a contrarreloj y llenamos nuestro precioso tiempo de ocupaciones, obligaciones, tareas y un sinfín de actividades que lejos de aportarnos bienestar, nos abruman.

A menudo culpamos a lo externo de lo que nos impide mejorar nuestra calidad de vida: si no podemos disponer de más tiempo o gozar más es porque tenemos una serie de obligaciones, relaciones y compromisos que, valga la redundancia, nos obligan a permanecer en una eterna insatisfacción llena de quehaceres.  Toda esta amalgama de deberes personales, ocupan en efecto, nuestro tiempo, pero nos alejan de disfrutarlo.

He aquí una idea certera: nosotros y sólo nosotros somos los directores de nuestra vida. Tú eres el responsable de tu bienestar. Depende de ti y sólo de ti estar bien. Pensemos:

·¿Qué relación tenemos con los diferentes ingredientes que nos sirve la vida?
·¿Nos responsabilizamos de la actitud que adoptamos ante las cosas?

Dejemos de culpar a los demás, a lo externo, y cojamos la batuta. De no hacerlo, es muy posible que nos encontremos instalados en la queja, en victimismos, y en general, en un tsunami de obligaciones que nos arrastre y nos lleve a padecer entre otras cosas, ansiedad y estrés.

Cuando nos dejamos llevar por el automatismo del día a día y acabamos existiendo (que no VIVIENDO) a toda velocidad, es fácil que,  junto a la insatisfacción y al cansancio, aparezca el malestar.

El estrés es un estado emocional adaptativo que aparece ante la sensación de tener demasiadas demandas del entorno (familiar, laboral y social) dados los recursos con los que contamos para hacer frente a ese entorno. Ante un estrés prolongado en el tiempo, aparece la ansiedad, que se manifiesta a nivel físico, a nivel cognitivo y a nivel conductual. A nivel físico puede presentarse a través de tensión muscular, sensación de ahogo, molestias estomacales (sensación de nudo en el estómago) y dolor de cabeza, entre otros síntomas. A nivel cognitivo, puede que aumenten nuestras preocupaciones, que constantemente nos anticipemos y estemos pensando en “lo próximo” o en “lo que toca”, que nos cueste concentrarnos, que no disfrutemos de los logros y que en definitiva nos agobiemos por un querer llegar a todo cuando en realidad ese listón es irreal (nadie puede llegar a TODO!). A nivel conductual, seguiremos enzarzados en una carrera interminable (y agotadora) que nos aportará paradójicamente apatía para hacer aquello que nos convenga.

¿Qué puedes hacer para realmente aumentar tu bienestar emocional y tu calidad de vida,  sin comprometer tus obligaciones?

  • Cuida tu cuerpo: come bien, haz ejercicio y duerme las horas que necesites. Estos son tres parámetros básicos que a menudo desatendemos. El cuerpo es el medio a través del cual existimos. Sin él, es decir sin salud, por mucho que queramos, no podemos funcionar.
  • Pon límites a tus obligaciones: pon límites a tu trabajo y demás: prioriza y delega. Distingue entre lo que realmente tenga que estar para hoy, y lo que pueda esperar. Pregúntate: ¿Realmente, si no acabo esto hoy, habrá consecuencias graves? Si la respuesta es no, actúa en consecuencia.
  • Pide ayuda cuando la necesites. Pedirla implica valentía, responsabilidad y seguridad, y no al contrario.
  • Pasa tiempo con tu familia y realiza alguna actividad divertida (con el móvil desconectado).
  • Aprende algo nuevo. Cultiva tu curiosidad y no pospongas más tus ganas de aprender aquello que siempre te atrajo. Es una inversión que te traerá un alto rendimiento.
  • Cultiva tus amistades. Examina tu círculo social: acerca a tu vida aquellas personas que te aporten bienestar, y aleja aquellas que te aporten negatividad.
  • Habla de tus emociones o escribe sobre ellas. Con ello facilitarás una buena gestión emocional de aquellas cosas que te vayan ocurriendo.
  • Dedícate un espacio de tiempo personal mínimo de una forma periódica. Si no puede ser cada día, que sea semanalmente, pero no lo dejes pasar.
  • Ponte metas. No se trata de que planifiques tu vida, pero sí de que la intentes dirigir hacia donde deseas. Tener un rumbo y una dirección implica crecer y sentirse realizado, y esas dos sensaciones son básicas para tu bienestar.

Si a pesar de intentar coger las riendas y poner todo tu esfuerzo en ello, ves que te es difícil, quizás necesites ayuda profesional. Tanto si padeces ansiedad, estrés o simplemente te encuentras perdido y no sabes cómo positivizar tu vida, no dudes en contactar con nosotros.

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A menudo culpamos a lo externo de lo que nos impide mejorar nuestra calidad de vida: si no podemos disponer de más tiempo o gozar más es porque tenemos una serie de obligaciones, relaciones y compromisos que, valga la redundancia, nos obligan a permanecer en una eterna insatisfacción llena de quehaceres.  Toda esta amalgama de deberes personales, ocupan en efecto, nuestro tiempo, pero nos alejan de disfrutarlo.

He aquí una idea certera: nosotros y sólo nosotros somos los directores de nuestra vida. Tú eres el responsable de tu bienestar. Depende de ti y sólo de ti estar bien. Pensemos:

·¿Qué relación tenemos con los diferentes ingredientes que nos sirve la vida?
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Dejemos de culpar a los demás, a lo externo, y cojamos la batuta. De no hacerlo, es muy posible que nos encontremos instalados en la queja, en victimismos, y en general, en un tsunami de obligaciones que nos arrastre y nos lleve a padecer entre otras cosas, ansiedad y estrés.

Cuando nos dejamos llevar por el automatismo del día a día y acabamos existiendo (que no VIVIENDO) a toda velocidad, es fácil que,  junto a la insatisfacción y al cansancio, aparezca el malestar.

El estrés es un estado emocional adaptativo que aparece ante la sensación de tener demasiadas demandas del entorno (familiar, laboral y social) dados los recursos con los que contamos para hacer frente a ese entorno. Ante un estrés prolongado en el tiempo, aparece la ansiedad, que se manifiesta a nivel físico, a nivel cognitivo y a nivel conductual. A nivel físico puede presentarse a través de tensión muscular, sensación de ahogo, molestias estomacales (sensación de nudo en el estómago) y dolor de cabeza, entre otros síntomas. A nivel cognitivo, puede que aumenten nuestras preocupaciones, que constantemente nos anticipemos y estemos pensando en “lo próximo” o en “lo que toca”, que nos cueste concentrarnos, que no disfrutemos de los logros y que en definitiva nos agobiemos por un querer llegar a todo cuando en realidad ese listón es irreal (nadie puede llegar a TODO!). A nivel conductual, seguiremos enzarzados en una carrera interminable (y agotadora) que nos aportará paradójicamente apatía para hacer aquello que nos convenga.

¿Qué puedes hacer para realmente aumentar tu bienestar emocional y tu calidad de vida,  sin comprometer tus obligaciones?

  • Cuida tu cuerpo: come bien, haz ejercicio y duerme las horas que necesites. Estos son tres parámetros básicos que a menudo desatendemos. El cuerpo es el medio a través del cual existimos. Sin él, es decir sin salud, por mucho que queramos, no podemos funcionar.
  • Pon límites a tus obligaciones: pon límites a tu trabajo y demás: prioriza y delega. Distingue entre lo que realmente tenga que estar para hoy, y lo que pueda esperar. Pregúntate: ¿Realmente, si no acabo esto hoy, habrá consecuencias graves? Si la respuesta es no, actúa en consecuencia.
  • Pide ayuda cuando la necesites. Pedirla implica valentía, responsabilidad y seguridad, y no al contrario.
  • Pasa tiempo con tu familia y realiza alguna actividad divertida (con el móvil desconectado).
  • Aprende algo nuevo. Cultiva tu curiosidad y no pospongas más tus ganas de aprender aquello que siempre te atrajo. Es una inversión que te traerá un alto rendimiento.
  • Cultiva tus amistades. Examina tu círculo social: acerca a tu vida aquellas personas que te aporten bienestar, y aleja aquellas que te aporten negatividad.
  • Habla de tus emociones o escribe sobre ellas. Con ello facilitarás una buena gestión emocional de aquellas cosas que te vayan ocurriendo.
  • Dedícate un espacio de tiempo personal mínimo de una forma periódica. Si no puede ser cada día, que sea semanalmente, pero no lo dejes pasar.
  • Ponte metas. No se trata de que planifiques tu vida, pero sí de que la intentes dirigir hacia donde deseas. Tener un rumbo y una dirección implica crecer y sentirse realizado, y esas dos sensaciones son básicas para tu bienestar.

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